Bikepolo, speedminton o bulder: El que disfruta del deporte al aire libre no tiene por qué salir de la ciudad este verano. Presentamos las mejores disciplinas deportivas para calles, plazas y parques.

Bikepolo

Si no te puedes imaginar una existencia sin tu bici de piñón fijo y quieres probar tus habilidades en un deporte de equipo, deberías unirte a un grupo de bicipolo local. La variante ciclista del deporte de equitación y pelota se inventó ya en 1891, pero entonces se jugaba todavía en un campo de hierba.

Tras un tiempo tan floreciente como breve, el juego cayó en el olvido hasta que a principios del segundo milenio a un grupo de mensajeros ciclistas se le ocurrió la idea de pasar sus descansos en el trabajo jugando a una mezcla de polo y hockey: había llegado el renacimiento de este deporte.

Aunque las reglas varían a nivel local, en general se trata de que dos grupos de tres ciclistas equipados con palos caseros pedaleen detrás de una pelota con el objetivo de meterla en la portería contraria sin tocar el suelo con los pies. Entre tanto, el bikepolo se juega en ciudades de todo el mundo – en el asfalto, por supuesto, al fin y al cabo hablamos de un deporte urbano.

Jugadores de bikepolo
Rápidos y duros de pelar: jugadores de bikepolo.
Photo: Getty/ Westend 61

Speedminton

Lo mejor del bádminton es que se puede practicar en cualquier sitio, al menos en teoría, ya que muchas veces el viento impide jugarlo. El berlinés Bill Brandes no quiso conformarse y creó en el año 2001 el speedminton.

Esta variante utiliza raquetas especiales y bolas de mayor peso con las que se pueden alcanzar velocidades de hasta 290 km/h. Lo mejor es que las bolas de speedminton lucen en la oscuridad, algo ideal para las metrópolis calurosas en las que las temperaturas son soportables sólo después de la puesta del sol.

Jugadores de speedminton junto a un castaño por la noche
Speedminton – un deporte de pelota vertiginoso.
Photo: Flickr / Marcus Suemnick (CC BY-SA 2.0)

Golf urbano

Seguramente fue por puro aburrimiento que unos pastores escoceses inventaron el golf en el siglo XVIII: en sus orígenes, esta especialidad deportiva no era el hobby elitista de los adinerados, sino un pasatiempo para pastores y agricultores.

El golf urbano (también llamado crossgolf) sigue siendo fiel a este espíritu, al menos en lo tocante al acceso. Sin necesidad de una cara cuota en un club de golf (ni de un césped cuidadísimo que necesite ingentes cantidades de agua para regarlo), uno queda con amigos y conocidos para meter su bola de goma en un hoyo previamente acordado con la menor cantidad de golpes posible.

La regla más importante es no molestar a otros ciudadanos. Teóricamente se puede jugar en cualquier sitio, pero por motivos de seguridad los campos de golf urbano ideales son las zonas industriales abandonadas.

Golf urbano en una azotea de una metrópolis
La ciudad es el campo de juego del golf urbano.
Photo: Getty/ Philipp Lee Harvey

Bulder

En un mundo lleno de escaleras mecánicas y ascensores, cada vez está más de moda escalar obstáculos con la propia fuerza corporal. La escalada es desde la infancia uno de nuestros movimientos más intuitivos, por lo que no es de extrañar que la práctica del bulder se extienda cada vez más.

En lugar de subir con cuerdas y clavos de escalada la cara norte del Eiger, el urbanita escala diversas rocas y paredes modificadas que por lo demás se encuentran ya en muchas plazas y parques.

Por supuesto, no a 1.800 metros – se escala a pocos metros de altura y sin cuerdas de seguridad. ¿Un juego de niños? De ningún modo. No sólo la escalada propiamente dicha supone un reto – cada bulder requiere una estrategia inteligente que se debe planificar antes de empezar.

De este modo, bulder no es sólo un entrenamiento ideal para todo el cuerpo, sino que también permite entrenar jugando la elegancia, el flujo de movimientos y la coordinación, tanto en rocódromos interiores como, naturalmente, al aire libre.

Un hombre practicando bulder
Entrenamiento para todo el cuerpo a poca altura: bulder.
Photo: Getty/ John Fedele

Slacklining

Una correa elástica de nylon y dos puntos de anclaje fijos, eso es todo lo que se necesita para entrenar el equilibrio sobre una slackline. En particular las lowlines de baja altura dan la falsa impresión de que atravesarlas de punta a punta es un juego de niños.

Como la «cuerda floja» reacciona muy sensiblemente al más mínimo movimiento y desplazamiento del peso, para un principiante resulta prácticamente imposible quedarse quieto sobre la cinta, por no hablar de dar uno o más pasos sobre ella.

Aquí no sólo se entrenan la concentración y el control corporal, sino que también se refuerza la musculatura del abdomen y del torso. Pero lo que aún es más importante: también cuando uno no consigue llegar al otro extremo y se cae sobre la hierba, slacklining sigue siendo un deporte divertidísimo. Al menos para los espectadores.

Slacklining al atardecer
Slacklining exige concentración y control corporal.
Photo: Getty/ Dan Krauss