El desperdicio de la comida es un serio problema, pero dos iniciativas de Rotterdam lo abordan con un enfoque positivo. Durante el “Bijna Waste Geweest Feest” (algo así como: el festival de la comida que estuvo a punto de desperdiciarse), reunieron 10.000 kilos de alimentos que de otro modo hubieran terminado en la basura.

Hay mucho movimiento en la Fenix Food Factory de Rotterdam. Siempre lo hay en este antiguo centro convertido en almacén en el que siete jóvenes emprendedores venden productos artesanales, como queso, pan y cerveza casera, a sus clientes.

Sin embargo, este sábado los clientes están aquí por una razón muy diferente: salvar frutas y verduras magulladas de los dientes de la poderosa trituradora.

“Cada año, millones de kilos de frutas y verduras terminan en la basura por motivos de producción excesiva o porque no cumplen los estrictos criterios de calidad que marcan los supermercados”, dice Lisanne van Zwol, cofundadora de Kromkommer (un juego de palabras en holandés que viene a significar ‘pepino doblado’).

Food waste festival rotterdam haciendo juego
En Rotterdam, el festival Bijna Waste Geweest Feest aborda el problema del desperdicio de comida.

Pepinos doblados y manzanas dañadas por el granizo

El objetivo primero de esta ambiciosa empresa es cambiar el sistema de comida actual. “Los pepinos doblados, por ejemplo, son desechados aunque tengan exactamente el mismo sabor que sus semejantes perfectamente rectos,” afirma van Zwol, junto a una gran caja de madera repleta de calabazas y calabacines que resultaron ser demasiado grandes, demasiado pequeños o demasiado deformes para las estanterías de los supermercados.

Un agricultor local lo había traído el día antes a la Fenix Food Factory. Hoy, estos vegetales de color naranja o verde tienen gran demanda, lo mismo que las manzanas dañadas por el granizo, los tomates con bultos y las berenjenas que no son completamente perfectas en su aspecto. Cajas rebosantes de vegetales rechazados se apilan en el centro de la habitación.

Es la segunda edición del festival Bijna Waste Geweest Feest. Desde su exitoso debut en Rotterdam – y una estancia en Utrecht, el auténtico corazón de los Países Bajos – su fórmula se ha mantenido simple: los visitantes compran un bolso de lino por ocho euros que se llena de frutas y verduras.

familia comprando verduras
La fórmula del festival es muy simple: los visitantes compran un bolso de lino por ocho euros que se llena de frutas y verduras.
carnecero
festival sign
mujer comprando zapallo
gente comprando
cafe en el exterior del mercado
parilla
gente hablando

Salvar 10.000 kilos de comida en un día

Esto ayuda a salvar 10.000 kilos de comida en tan sólo un día. Según van Zwol, es una situación beneficiosa para todos. “Además de reducir desechos, los agricultores ganan algún dinero y los visitantes vuelven a casa con un bolso lleno de manjares”.

Desde 2012, van Zwol y sus colegas intentan recuperar cosechas rechazadas para los estantes de los supermercados procesándolas en otros productos con un periodo de conservación más amplio, como sopas y salsas.

Para el Bijna Waste Geweest Feest, unieron fuerzas con los entusiastas afines de Rechtstreex, una empresa que suministra productos de los agricultores de la región directamente a los consumidores.

gente
The festival is giving people the opportunity to put a real dent in post-harvest losses, something that’s virtually impossible to do on an individual basis.
Dj
Niños dibujando
haciendo gofres
gente comprando

Un enfoque divertido para un problema serio

Según Esther Audier de Rechtstreex, su enfoque positivo ha ayudado a hacer este evento tan popular. “No somos de los que van señalando con el dedo. El desperdicio de la comida es un problema muy serio, pero los estamos enfocando de un modo divertido. Le estamos enseñando a la gente lo divertido que puede ser salvar vegetales imperfectos y rechazados”.

Los visitantes del festival están tomando su mensaje muy en consideración y llenan sus bolsos con calabazas, remolacha amarilla y tomates, al tiempo que intercambian recetas y consejos. Linda y Eline, dos amigas, compran dos bolsos cada una. “Las dos tenemos niños y esto nos hace ser mas cuidadosas con la comida que nos llevamos a la boca”, dice Linda.

“El aspecto no es lo más importante, por eso estamos cargando kilos de frutas y verduras ricas en vitaminas para toda la familia. Y el hecho de que de este modo estemos haciendo algo para prevenir el desperdicio de comida le otorga un valor añadido”.

El objetivo: llegar a ser innecesarios

Un pesimista podría decir que el festival es sólo una gota en un océano de comida desperdiciada. Después de todo, cada año tiramos como mínimo la tercera parte de la comida que producimos.

Pero la mayoría de este desperdicio es el resultado de complejos mecanismos de mercado. Como explica Audier, “los precios de la comida pueden bajar tanto que los costes de la recogida de la cosecha superan su valor en el mercado”.

Por otro lado, este festival le está dando a la gente la oportunidad de contribuir a reducir las pérdidas post-cosecha, algo que sería virtualmente imposible de forma individual.

En las ciudades, los supermercados tienden a determinar y dominar el suministro. Los que quieren comprar directamente de los agricultores tienen que hacer un auténtico esfuerzo. El festival está transmitiendo un mensaje de mucho valor: la fruta y los vegetales no necesitan tener un aspecto perfecto para atraer a los clientes.

Los organizadores esperan que una mayor conciencia sobre el desperdicio de la comida haga que iniciativas como la suya dejen de ser necesarias en el futuro. “Esperamos que la reducción de la comida desperdiciada se convierta en algo tan habitual en un plazo de cinco años que no tengamos que pensar más en ello”, dice Audier. “Una vez que lo consigamos, consideraremos que nuestros esfuerzos han dado su fruto”.