A medida que las ciudades se vuelven más inteligentes cambia el modo en que compramos, vendemos e intercambiamos productos. Las tiendas están despareciendo de nuestras calles principales y centros comerciales. Para muchos, ahora resulta más cómodo comprar en línea. Sin embargo, las tiendas físicas y los locales de venta de alimentos no tiran la toalla y los comercios se están dando cuenta de que pueden ofrecer algo que Internet no puede: compromiso, personalidad y diversión.

Las tiendas forman parte del tejido y el flujo de la vida urbana. El ruido de los cuchicheos y los pasos, el olor a limpio, y las texturas y las superficies reflectantes nos ayudan a adentrarnos en un gran crisol vibrante. Los avances tecnológicos pueden suponer el cierre en los próximos cinco años de hasta una cuarta parte de las galerías comerciales existentes, pero una nueva generación de comercios y restaurantes está encontrando nuevas y singulares formas para que no abandonemos la calle.

b8ta, múltiples ubicaciones en Estados Unidos

Una gran ventaja que tienen las tiendas físicas sobre las tiendas en línea es que ofrecen una experiencia táctil. Podemos entrar, coger algo y familiarizarnos con el objeto antes de decidir comprarlo.

b8ta es una cadena minorista de carácter tecnológico que nos invita a tocar y probar. Las tiendas — la primera abrió en Palo Alto, California, en diciembre de 2015— exhiben aparatos y dispositivos electrónicos fuera de sus cajas. La mayoría de estos productos pertenecen a empresas emergentes que luchan por destacar en línea. De este modo, pueden obtener una difusión sin igual en tiendas físicas.

Cada producto expuesto tiene una tablet al lado que muestra información adicional, desde especificaciones y comparativas de precios a los lugares con stock en línea.

Se centra principalmente en permitirnos explorar, descubrir y jugar con nueva tecnología y dispositivos conectados que podrían mejorar la forma en que interactuamos con nuestros hogares. Los asistentes de b8ta (conocidos como «probadores») están a tu disposición para ayudarte con demostraciones y en el proceso de compra.

Librería Zhongshuge, Chengdú, China

Las librerías llevan ya unos años luchando contra la caída de ventas y el aumento de e-books, así que no sorprende que estén buscando formas de reinventarse como templos de cultura, lugares que son mucho más que unas simples hileras de libros y un sitio donde tomarse un café y echar una ojeada.

El interior de la librería Zhongshuge en Chengdú está diseñado para despertar sentimientos de nostalgia y crear recuerdos mágicos. Espejos en el techo, molinos de viento de madera y setas gigantes en la sección de niños nos trasladan a las páginas de Alicia en el País de las Maravillas o a cualquier novela de Roald Dahl.

librería surrealista en Chengdú, China
Ilusión óptica: techos de espejo en la librería Zhongshuge.
Foto: Shao Feng

Runner Camp, Shanghái, China

Debido al ritmo vertiginoso de las ciudades puede ser difícil encontrar tiempo para el ejercicio físico. Aquí es donde entra en juego Runner Camp en Shanghái. Es una tienda de deportes y fitness con un añadido: hay un gimnasio y duchas en el nivel superior.

Una escalera naranja que divide las dos plantas es el elemento central. Zigzaguea a través de la tienda, con escalones anchos por los que resulta fácil subir y que además son perfectos para probar esas zapatillas que acabamos de comprar.

Farmacia Molecure, distrito de Taichung, Taiwán

Recoger una receta para la gripe o un virus estomacal no es algo precisamente glamuroso, pero una farmacia en Taiwán pretende acabar con la imagen estéril de las farmacias que normalmente son de color blanco, verde y azul claro.

Las mesas de laboratorio fabricadas con madera maciza y sobre las que crecen plantas dan al espacio una sensación natural y orgánica. Los fármacos y medicamentos expuestos en recipientes y botellas de colores cálidos sobre estantes minimalistas crean un espacio que podría hacernos olvidar fácilmente que estamos enfermos.

mesas de laboratorio fabricadas con madera sobre las que crecen plantas
Los materiales naturales sustituyen la atmósfera estéril de las farmacias.
Foto: Kuomin Lee

Original Unverpackt, Berlín, Alemania

La comida es otro producto que la tecnología ha revolucionado. La tenemos a nuestro alcance en todo momento, la podemos comprar cuando queramos y donde queramos. Pero el problema es que estamos comprando más de lo necesario y, como resultado, estamos desperdiciando más de lo que deberíamos.

Este es un problema que quiere poner de relieve el supermercado sin residuos Original Unverpackt con sede en Berlín. La mayoría de sus alimentos no están envasados, algo a lo que no estamos acostumbrados pero que significa que no existen residuos de plástico.

También supone que los productos como cereales, alubias y arroz no se suministran en cantidades específicas y los clientes tienen que comprar con consideración. Esta tienda es de visita obligada especialmente para el comprador ético.

Solera, Colonia, Alemania

Puede que veamos vídeos en línea para saber más sobre los alimentos que compramos y cómo prepararlos y cocinarlos, pero no es lo mismo que experimentarlo de primera mano.

Solera es un supermercado independiente en Colonia. La tienda vende exquisiteces españolas, y mientras que los colores amarillo, rojo y azul vivos, en contraste con el negro, hacen que la tienda parezca el plató de televisión de un concurso de cocina de la década de los 80 o de los 90, también incorpora una cocina y espacio de trabajo para seminarios y clases de cocina con la intención de despertar el interés por la historia y las delicias de la comida española.

exterior colorido del supermercado Solera
¿Clase de cocina en el supermercado? Sí, en Solera.
Foto: Masquespacio

Gelatoscopio, Ciudad de México, México

Aunque es bueno comer de forma saludable y tener un estilo de vida activo, un pequeño capricho al año no hace daño.

La heladería Gelatoscopio en Ciudad de México quiere que nos sirvamos nosotros mismos y ha sido diseñada para estimular nuestros sentidos. La pared es de color verde menta con una textura metálica similar a la de un barquillo.

No hay ningún cristal que separe la heladería de la calle, de modo que los intrigados transeúntes son invitados a entrar y tocar la pared y sus elementos. También hay unas pocas aberturas para realizar los pedidos y por las que podemos asomarnos para ver cómo preparan nuestro helado.