Simo Azzaoui es el fundador de «Foodisch», un portal en el que incluso el mejor menú es sólo un medio para un fin, ya que su objetivo principal es reunir personas. Primero en Nueva York, ahora en Berlín.

En el lado derecho del camino hay cajas de madera llenas de tierra en las que, según rezan sus letreros, crecen estragón francés, pepinillos mexicanos, acelgas e hinojo. En el lado opuesto, una pizarra verde, como las de la escuela, con la frase: «Foodisch @ Prinzessinnengärten. No Cell Phones. Talk to each other.» La petición puede sonar cómica pues al fin y al cabo la idea de Simo Azzaoui no se hubiera podido realizar sin Internet.

Un grupo de participantes de Foodisch comen juntos en el jardín
Conversaciones y buena comida en Foodisch.

No es casual que la estética y el funcionamiento de Foodisch recuerde a AirBnB. La idea del portal se parece a aquélla con la que inició su andadura el que es ahora el mayor mediador de alojamientos del mundo: organizar encuentros online y vivirlos offline. Pero la petición de la pizarra hay que tomársela muy en serio. Para poder olvidar la rutina digital durante unos breves momentos, Azzaoui ha decorado la mesa entre árboles y contenedores de embarque con flores, almendras de lavanda y velas de té. El lugar: los Prinzessinnengärten (“los jardines de las princesas”), en el barrio berlinés de Kreuzberg.

Retrato de Simo Azzaoui
El fundador de Foodisch Simo Azzaoui.

Este hombre de 33 años no ha podido encontrar mejor lugar que los Prinzessinnengärten para llenar de vida el concepto que se esconde detrás de Foodisch. Esta zona, en la que antes se encontraban comerciantes de vehículos usados y mercadillos, se dedica desde 2009 al cultivo de fruta y verdura principalmente. Sin embargo, es un lugar en el que la gente se reúne, conversa y se enriquece mutuamente, y exactamente de eso se trata para este hombre alto con rizos morenos.

Una tarde para sentirse bien con Foodisch

Hasta llegar aquí, este hombre natural de la región alemana de Wuppertal tuvo que pasar por varias etapas. A sus estudios para docente de instituto siguió una carrera meteórica como asesor de estrategia para un seguro médico privado en el que dirigía equipos de 30 personas. Sin embargo, su trabajo nunca le hizo feliz. «Necesito sentir un vínculo con el producto para el que trabajo, allí no era posible», cuenta Azzaoui.

Simo Azzaoui da a probar la comida a una invitada
Probando con Simo Azzaoui.

Después de trasladarse a Nueva York por motivos personales, decidió empezar un nuevo capítulo. Junto con un amigo organizaba cenas en las que personas que al principio no se conocían se reunían para comer, hablaban de arte y literatura y al final terminaban bailando. El pasado octubre se fue a Berlín con su idea, a la que bautizó Foodisch, y en diciembre ya estaba online.

Foodisch es una innovación con la que nos reconciliamos con aquello que debería ser la comida: un momento que lleva a la gente a reunirse en un lugar en el que se alimenta para, durante una tarde, disfrutar del sentimiento de formar parte de un grupo.

Nostalgia de experiencias y contactos reales

Y así está siendo esta tarde también. Simo Azzaoui ha invitado a unas 20 personas. Amigos y conocidos a los que ha ido conociendo por todo el mundo durante los últimos años. Por ejemplo, Sascha Zeilinger. Azzaoui y él se conocieron en un festival de música en EE.UU. Zeilinger dejó también su trabajo hace dos años en el departamento de ventas de una marca de calzado deportivo y se trasladó a Berlín, sin saber por dónde iba a seguir en la capital alemana. Hoy en día se permite el lujo de seguir buscando una respuesta.

Un comensal de Foodisch ríe
Una cena en compañía es estimulante.

O Johannes Lawrenz, un elegante señor con traje y pañuelo al cuello, que un día llegó a Berlín con una maleta como único equipaje y que habla de su pasión por el tango de un modo tan virtuoso que a uno le entran ganas de empezar a tomar clases particulares con él de inmediato. También a Sumi Yoon, diseñadora gráfica de Tokio, y a la ilustradora Gabi Almeida, brasileña que ha pasado mucho tiempo en Inglaterra, parecen unirles más cosas de lo que uno podría pensar dada la distancia entre sus países de origen.

Y así surgen conversaciones sobre cómo aprender tango (nunca en las escuelas de baile, hay que empezar, simplemente). O sobre si se pueden encontrar divertidas las series de dibujos animados Southpark y Los Simpsons al mismo tiempo (sí, se puede). Y de cómo se llama McDonald’s en Japón (Makudonarudo). De los temas que hablan las personas que pronto van a constatar que comparten experiencias comunes. «Yo llevo poco tiempo aquí», dice Sumi Yoon. «Estas tardes son una oportunidad estupenda para conocer gente nueva e interesante.»

Cadenas de suministro cortas en lugar de fabricación en masa

La anfitriona de esta tarde es sin embargo Elisabeth Wolfe, una paisajista de Massachusetts que trabaja dos veces a la semana en los Prinzessinnengärten y que ha creado el menú para la tarde de Foodisch. Hoy sirve ensalada fresca con rúcula, requesón con aceite de oliva, hierbas y ajo, un arroz con guisantes, setas, queso pecorino e hierbas frescas y un postre de fresas para terminar.

Simo Azzaoui habla con comensales de Foodisch
Simo Azzaoui con invitados.

«En los tiempos en los que uno se sienta al ordenador a diario, se tiene nostalgia de las experiencias, de la interacción», dice Wolfe en el sentido más literal de la palabra. Antes de servir el plato principal, se lleva a sus comensales a las cajas de madera para cosechar. Una cadena de suministro más corta sólo es posible si uno se come la verdura directamente en el bancal.

Pan fresco
Impresiones sabrosas de la tarde de Foodisch
Ensalada de remolacha
Queso rallado
Un cuenco con menta fresca
Verdura cortada
Un comensal de Foodisch ríe durante la comida
Un cuenco con almendras
Una participante de Foodisch friega la vajilla

Simo Azzaoui se imagina el futuro de Foodisch tal y como se está desarrollando esta tarde. En el portal, cualquier cocinero aficionado puede invitar a cenar a los usuarios del mismo. Los que se sienten interesados, se apuntan. Y a quien quiera organizar una cena, pero o bien no se fía de sus artes culinarias, o bien no dispone de un lugar adecuado para ello, Simo Azzaoui puede ayudarle. «Preferimos tener miles de usuarios activos y apasionados con la idea, antes que cientos de miles a los que no les parezca mal», dice este apasionado cocinero aficionado. Si para él sólo se tratara de ganar dinero, podría haberse quedado en su trabajo en la consultoría de empresas.

Para más información sobre Foodisch, visita su sitio web o sigue a la startup en Facebook.