La Goldfinger Factory lleva el nombre de un villano de James Bond, pero su forma de trabajar es mucho más constructiva: el proyecto está revitalizando una comunidad local con un diseño sostenible que incluye piezas exclusivas de Tom Dixon.

La Trellick Tower se erige hacia el cielo gris de Londres, exhibiéndose como clásico ejemplo de la arquitectura brutalista. Sin embargo, en la planta baja del edificio hay ahora espacios mucho más atractivos. Goldfinger Factory es una empresa galardonada que se dedica a reacondicionar y restaurar muebles y que abre sus puertas a la comunidad con diversos talleres, una cafetería muy próspera y una sala de exposiciones para sus mejores piezas.

«Somos una organización orientada a los objetivos», dice su fundador, Oliver Waddington-Ball, levantando su mirada hacia el edificio. «Queremos que las cosas ya no terminen en los vertederos, queremos formar a la gente y construir cosas bellas.»

Entrada de la Goldfinger Factory en Londres
El atractivo escaparate de la Goldfinger Factory.

Oliver y su socia Marie Cudennec fundaron Goldfinger hace dos años con la visión de transformar la basura en oro. El nombre del proyecto se inspiró en Goldfinger, el villano con el toque de Midas de la película de James Bond. La Trellick Tower propiamente dicha fue construida por el arquitecto Erno Goldfinger, famoso por su mal genio y en quien se inspiró Ian Fleming, padre de James Bond, para crear el personaje.

Un lugar con historia

Uno puede amarlo u odiarlo, pero es innegable que el edificio cuenta una historia única. Actualmente ha sido declarado edificio protegido de grado II, pero la zona a sus pies tenía antes muy mala fama. «La gente cambiaba de acera para evitarla», dice Oliver. «El Ayuntamiento tenía dificultades para alquilarlo, pero desde que estamos aquí se percibe más como un espacio de propiedad comunitaria, lo que también forma parte de nuestra filosofía de transformar la ‘basura en oro’.»

En la sala de exposiciones se encuentran aparadores de estilo escandinavo, cajoneras de colores coronadas con cerámica retro y marcos para cuadros hechos con restos de madera. En el café de al lado, madres, niños, trabajadores y pensionistas se congregan en mesas desiguales para degustar la comida preparada por un chef local. Marie recomienda el risotto. «Es delicioso», dice dirigiéndose al chef. Los demás asienten.

Mobiliario de la Goldfinger Factory en Londres
Innumerables curiosidades esperan a ser descubiertas en la sala de exposiciones de la Goldfinger Factory.
Floreros en la Goldfinger Factory en Londres
Bolsas de tela recicladas en la Goldfinger Factory
Un florero de cristal de Murano en la Goldfinger Factory
Diseño escandinavo
Floreros de cristal
Velas aromáticas en la Goldfinger Factory
Portavelas reciclados
Tienda de la Goldfinger Factory

Mientras ellos siguen comiendo, Oliver nos lleva a los talleres del sótano, donde los artesanos locales disponen de un espacio para construir sus creaciones. En estos momentos se transporta una vitrina al estudio y enseguida se empieza a discutir qué hacer con ella.

Colección exclusiva de Tom Dixon

«No cobramos comisión por las ventas», explica Oliver. «Todas las ganancias van directamente a los artistas. Y también nos dirigimos a ellos en primer lugar cuando la Factory tiene que hacer encargos. Esto les proporciona una plataforma desde la que salir y empezar a realizar sus propios proyectos. Aquí hemos tenido gente que después ha cursado estudios superiores y ha creado su propia empresa. Somos como una incubadora de negocios.»

Goldfinger ha llamado también la atención de los artistas locales, entre ellos el conocido diseñador de muebles Tom Dixon, que tiene su estudio muy cerca de aquí. Dixon diseñó una serie para Goldfinger llamada Trellick, que incluye mesas, taburetes y bancos, todos de color negro. Los restos de madera se utilizaron para hacer marcos para cuadros, maceteros y otros accesorios en línea con la  política de basura cero.

La serie se lanzó al mercado en septiembre de 2016 para apoyar una campaña de crowdfunding de Goldfinger para recaudar fondos para dos nuevas ubicaciones del proyecto. «Combinamos la carpintería tradicional con los más modernos métodos de producción, de modo que la colección tiene un impacto medioambiental y social positivo. Al mismo tiempo es una historia muy especial, ya que todas las piezas están hechas por artistas de nuestra comunidad», decía la declaración del estudio de Dixon.

La campaña de crowdfunding fue un gran éxito. Oliver habla con orgullo de su último proyecto, la Future Factory, a unos minutos a pie en la zona de Ladbroke Grove. Aquí los artistas pueden aprender sobre fabricación digital utilizando la máquina CNC del estudio, con la que los diseños se cortan por ordenador.

Marie baja al sótano acompañada por una cliente interesada en ver los talleres. Esta mujer había oído de Goldfinger a un fotógrafo local, que apoya la iniciativa desde el aspecto publicitario. Impresionada, examina un rincón del taller en el que se lee la palabra ‘pulchritude’ pintada en un letrero de madera.

«Sí, es precioso», asiente Marie. «La basura es un recurso que no está en las manos adecuadas. La percepción de la basura es algo que evoluciona.»  Y mira a Oliver, que le devuelve una amplia sonrisa como respuesta.

Equipo de la Goldfinger Factory
La Goldfinger Factory es un trabajo en equipo.