Hace mucho tiempo que las bicicletas dejaron de servir sólo para pedalear. Presentamos seis novedades, desde un módulo de manillar que purifica el aire o un cuadro de bicicleta hecho de papel, hasta la bicicleta acuática con aletas.

«I want to ride my bicycle, I want to ride my bike …» – el estribillo de «Bicycle Race», el éxito mundial de Queens de hace 40 años, habría que formularlo hoy de otra manera. Hace tiempo que las bicicletas han sido redefinidas, reinventadas, reinterpretadas y utilizadas para fines distintos al original. Hoy en día limpian el aire mientras avanzan, se pueden guardar en una maleta o pueden deslizarse por el agua. Hemos reunido seis ideas que explican por qué el concepto unitario de “bici” dejará de serlo pronto.

Smog Free Bicycle

Tres personas montan en Smog Free Bicycles
Las bobinas de cobre de la caja del manillar de las Smog Free Bicycles limpian el aire.
Foto: Studio Roosegaarde

Con su Studio fundado en 2007, el artista y diseñador neerlandés Daan Roosegaarde se mueve entre el arte y la tecnología. Es evidente que las bicicletas siempre le han gustado mucho a este hombre de 38 años. Uno de sus proyectos es el carril bici que lleva el nombre de Camino de Van Gogh, de 600 metros de longitud entre Nuenen y Eindhoven, en el que el famoso cuadro «La noche estrellada» del pintor holandés se dibuja con luces intermitentes.

Su proyecto más joven es una colaboración con la empresa china de bike sharing Ofo, que ha preparado una idea revolucionaria: sus Smog Free Bicycles aspiran el aire sucio y lo expiran en forma de aire purificado. Se encarga de ello una cajita fijada al manillar con bobinas de cobre que cargan eléctricamente el polvo fino del aire y lo aglutina con ayuda de filtros.

La misma tecnología se emplea en la Smog Free Tower de Roosegaarde, que purifica 30.000 metros cúbicos de aire por hora, para lo que necesita la misma cantidad de energía que un hervidor de agua. La energía para las bicicletas se sigue alimentando como antes: con un par de piernas y algo de fuerza muscular.

Obike

«Oh Boy!» en lugar de Obike es lo que se pudiera haber dicho a la vista de las consecuencias que ha tenido el lanzamiento de Obike desde Múnich hasta Melbourne este año: unos vándalos arrojaron las bicicletas de color amarillo y gris a arroyos y dársenas portuarias, las apilaron al borde de los caminos o las colgaron de andamios y ramas de los árboles.

¿Cómo ha sido posible algo así? Porque el punto fuerte de esta empresa fundada a principios de 2017 en Singapur es al mismo tiempo su punto más vulnerable: Obike no utiliza estaciones fijas de recogida y devolución. Las bicicletas se pueden alquilar y devolver en cualquier sitio. No obstante, el objetivo que persigue Obike está claro: llegar también a zonas urbanas retiradas que frecuentemente no disponen de las ofertas de sharing.

Las bicicletas se alquilan fácilmente mediante una app de smartphone, aunque Obike guarda las rutas recorridas por las bicicletas en un GPS integrado en ellas. Si esto no te importa, puedes dejarte convencer por esta alternativa de bicicletas utilizables a tiempo parcial por un económico precio de un euro por treinta minutos de uso.

Greencode

¿Una bicicleta hecha de papel reciclado? ¿Y no se romperá cuando me siente encima? ¿Y qué pasa si se moja? En Greencode están acostumbrados a oír este tipo de preguntas. Esta startup mexicana experimenta desde hace cuatro años con su bicicleta respetuosa con el medio ambiente – y lo hace con éxito. La City-Bike GC1 está a la venta desde principios de noviembre de 2017. Cuesta unos 140 euros – poco, si se piensa que casi todo en esta bicicleta está hecho de materiales reciclados.

El cuadro de la GC1 está hecho de papel, pero un recubrimiento especial hace que no se empape ni con la lluvia más fuerte.

El cuadro aguanta un peso de hasta 110 kilos. Las llantas resistentes a los pinchazos están hechas de caucho de segunda mano y los fabricantes aseguran que incluso el embalaje en el que la GC1 se suministra a domicilio es 100 % reutilizable y que, mediante un sistema de pliegues inteligente, se puede convertir en un objeto útil.

¿Y cuál es la vida útil de una bicicleta de papel? La de las ruedas, unos 12.000 kilómetros; la mecánica, unos dos años. Al menos eso es lo que prometen los fabricantes. Nosotros ya estamos esperando al primer ensayo a largo plazo.

H1 – Hammerhead

Que los aparatos de navegación también pueden revalorizar las bicicletas es lo que demuestran los desarrolladores de Hammerhead con su H1. Este indicador con forma de T se fija al manillar y se conecta vía Bluetooth con la app Hammerhead instalada en el smartphone. El destino se introduce en este pequeño milagro de la navegación mediante la app. Lo mejor: el que no quiera pedalear solo puede invitar a los amigos. Y el que después de mover las piernas quiera ver sus logros puede grabar sus desplazamientos.

El navegador indica al ciclista mediante señales luminosas si debe girar a la derecha o a la izquierda. Puntos LED rojos, verdes y azules indican el camino a seguir. Tanto en la ciudad como en el campo: con este gadget no se apartan los ojos del camino.

Una ciclista con un aparato de navegación de Hammerhead
Hammerhead presenta la nueva generación de aparatos de navegación para bicicletas.
Foto: www.hammerhead.io
Un ciclista utiliza el H1 de Hammerhead
El H1 se conecta con la app de smartphone adecuada.
Foto: www.hammerhead.io

Cyclesigns

Thirroul no es un tipo de vino francés, ni un programa de software, ni una startup. Thirroul es un lugar en Australia. En esta pequeña ciudad de New South Wales vive el diseñador Trent Jansen, que con su estudio hace lo que él mismo denomina Design Anthropology.

Para él no se trata de negar la imperfección humana, sino de llevarla al centro de su trabajo. «Me intereso más por la belleza de una idea y que por la belleza física de un objeto», explica el australiano su forma de proceder.

La belleza de la idea de sus Cyclesigns es obvia: Jansen hace de señales de tráfico viejas reflectores para bicicletas (y a veces también muebles). Las señales de tráfico están hechas de aluminio resistente y equipadas con un revestimiento reflectante. Eso las hace perfectas para el valor sustraído de Jansen. Utiliza las señales en el estado en el que las encuentra, su desgaste visible es parte de su filosofía. Los cyclesigns pueden ser reflectores traseros y de radios. También se encuadra en esta idea la cinta con la que se puede fijar el faro trasero, hecha de goma vieja de llantas de bicicleta.

Hydrofoiler XE-1

«Mucha gente nos dijo: Lo que queréis hacer es imposible», cuenta Guy Howard-Willis, fundador de la startup neozelandesa Manta 5. «Pero no hay nada que me guste más que redefinir lo imposible.» El resultado se llama Hydrofoiler XE-1 y su función es fácil de explicar: es una bicicleta acuática.

La técnica Hydrofoil utilizada procede de la construcción de barcos y no es nueva, su desarrollo se remonta a principios del siglo XX; gracias a ella, cuando el barco aumenta su velocidad, su flotación dinámica hace que las aletas que se encuentran bajo el agua lo levanten de la superficie. El casco deja de tocar así el agua, lo que da la impresión de que el vehículo vuele por encima de la superficie.

La Hydrofoiler XE-1 se puede adquirir desde noviembre y presenta, por supuesto, algunas novedades. Está hecha de fibra de carbono, ligera y resistente, de la propulsión se encarga un motor eléctrico de 400 watios. Seis años han estado trabajando los neozelandeses en su potente vehículo acuático. Creemos que el resultado es muy presentable ­- y pedaleable.

Hydrofoiler XE-1: una bicicleta para el agua
La Hydrofoiler XE-1: a la venta desde noviembre.
Foto: Manta5
Un hombre utiliza la Hydrofoiler XE-1 en una piscina
Montar en bicicleta en el agua mediante aletas.
Foto: Manta5