Jan Gehl promueve lo que sólo consiguen pocos arquitectos: “Ciudades para la gente”. Este urbanista danés de 79 años prefiere los barrios compactos a los grandes planes urbanísticos y valora los deseos de los habitantes por encima de la arquitectura propiamente dicha. Con este concepto ha cosechado un éxito sensacional.

Zzzzhhhhhrrrr. Se escucha de fondo el sonido de un destornillador eléctrico apretando un tornillo. “Disculpe”, dice Jan Gehl, “estamos trabajando en la cocina”. El profesor emérito y urbanista está muy ocupado.

En su calidad de planificador urbano, Gehl también aprieta tornillos: allí donde los alcaldes y ayuntamientos constatan que hay cosas que cambiar. En los últimos años, los municipios han hecho cola ante la puerta de este danés, experto mundial en ciudades humanas.

“Soy un idealista”, dice este hombre de 79 años. “Y los proyectos en los que trabajo crean un entorno mejor para los peatones y la vida pública”. Gehl está convencido de que peatones y vida pública están intrínsecamente unidos, que las personas deben poder vivir su ciudad a pie.

“Sabemos más sobre el hábitat perfecto para el tigre de Siberia que sobre un buen entorno para las personas”, bromea Gehl. Su mujer, Ingrid, y él empezaron a estudiar la vida en las ciudades y en 1965 se fueron a Italia con una beca.

El libro “Livet mellem husene”, La vida entre los edificios, fue en 1971 el primer resultado de estos estudios de campo en plazas y calles, aunque no fue precisamente un éxito. Pero Gehl no se rindió y continuó desarrollando sus métodos durante años, llegando a convertirse en Profesor de la Real Academia de Bellas Artes de Dinamarca.

"Mis proyectos crean un entorno mejor para los peatones".
“Mis proyectos crean un entorno mejor para los peatones”.
Foto: Gehl Architects

El gran éxito de Gehl: Copenhague

Hoy día, su éxito le ha dado la razón. Su mejor obra se llama Copenhague, la ciudad en la que estudió, enseñó y en la que sigue trabajando y que se convirtió en el laboratorio al aire libre en el que plasmar sus ideas. En 1965 y por consejo de Gehl, la ciudad creó la zona peatonal más grande de Europa: la Strøget. Copenhague es considerada hoy día como el modelo para transformación fundamental de la ciudad de posguerra, centrada en el tráfico rodado, a la metrópolis del siglo XXI, orientada al peatón.

“Para que los planificadores urbanos puedan incorporar la dimensión humana, es necesario que reevalúen todas las iniciativas tendientes a mejorar la capacidad vehicular que se han llevado a cabo en las ciudades”, afirma en su libro “Ciudades para la gente” de reciente aparición en español.

Es decir: la ciudad pensada para el coche, con sus carreteas rápidas de varias vías, aceras estrechas y semáforos que obligan a cruzar con extremada rapidez agobia a los peatones. Pero desde su punto de vista, esto no tiene por qué seguir siendo así: “hay una solución para cada uno de esos problemas donde el peatón está incluido”.

Y añade: “Es hora de reordenar nuestras prioridades”. Para este fin, Gehl presenta una lista de pequeños cambios que, todos en conjunto, tienen grandes resultados. En lugar de los semáforos rojos tintineantes que “urgen a las personas a apurar el paso para poder cruzar” (como los de Nueva York), es mejor una “educada forma de informar” (como en Copenhague). En lugar de oscuros túneles peatonales (como el que había antes en la estación ferroviaria de Zúrich), mejor soleados “pasos de cebra al nivel de la calle”.

Copenhagen stroget Jan Gehl
Gehl instaló en Copenhague la zona peatonal más grande de Europa, la Strøget.
Foto: Yadid Levy / Getty Images

De Nueva York a Shanghái: un asesor urbano solicitado en todo el mundo

Los ojos de Gehl se abrieron cuando miró más allá de la arquitectura y empezó a servirse de los conocimientos de sociólogos y psicólogos. Éste es el motivo por el que ya en la primera etapa de la planificación de sus proyectos incluye a todos los implicados

Y eso es lo que permite a Gehl intuir hoy las ciudades como ningún otro arquitecto. Quizá hay que interpretarlo del siguiente modo: hay personas que saben tratar a los caballos y se convierten en encantadores de caballos, y hay personas que saben tratar a la gente y que suelen hacerse médicos, enfermeros o sacerdotes. Como urbanista, Jan Gehl tiene un poco de todo ello. Él mismo se ve como un “misionero” con el objetivo de hacer de la escala humana el patrón de la planificación urbana.

Un mandamiento éste seguido por cada vez más ciudades: como asesor, Gehl recibe encargos de todo el mundo, de las ciudades que desean rediseñar sus barrios en aras del bienestar de sus habitantes. El principio de Gehl: ir a la ciudad, verla y escuchar el cosmos de la misma. Y cambiar algo entre todos. Un simpático vídeo en la página web cuenta la historia detrás de esto.

Lo más importante para Gehl: la escala humana

En el año 2000, todo empezó a ir muy deprisa. Helle Søholt, una antigua estudiante, y Jan Gehl crearon una empresa que está activa en el mundo desde hace tiempo: Gehl Architects.

Con el paso de los años, Gehl ha ido descubriendo principios básicos que hacen que algunas comunidades de todo el mundo funcionen especialmente bien. Una de estas reglas podría ser el no construir rascacielos, ya que a partir del quinto o sexto piso los habitantes pierden el contacto con la calle y se sienten apartados. Otra sería pensar en la planta baja. Ésta no debe ser uniforme y reservada, sino variada y llena de sorpresas.

Quizá todo esto sea sólo una cuestión de escala. El Modernismo gustaba de planificar las metrópolis completamente de nuevo y delinearlas en la mesa de dibujo. A los constructores como Le Corbusier, que veía los edificios de pisos de alquiler como máquinas de vivir, les gustaba hacer subdivisiones funcionales de la ciudad.

Ésta es la forma de pensar que Gehl quiere dejar atrás. Los modelos y edificios no le interesan tanto al arquitecto como sus habitantes.

“Mejores espacios urbanos, más vida urbana”

Entretanto, Gehl asesora en ciudades como Nueva York, Shanghái, Singapur, San Petersburgo y Almaty. “Mejores espacios urbanos generan más vida urbana”, es uno de los sencillos credos de Gehl.

Sus conocimientos parecen tan obvios que uno se pregunta cómo es posible que la ciudad funcionalmente subdividida del Modernismo los pudiera ignorar y prefiriera construir carreteras arteriales en la periferia antes que lugares atractivos en los que la gente pudiera pasar su tiempo libre y conocerse mejor.

“Lo que necesitamos como habitantes de una ciudad es algo obvio”, dice Gehl, “lo que pasa es que lo hemos ignorado”.

P.S. La conversación se mantuvo desde un viejo teléfono en el quinto piso de un edificio del centro de Múnich.

Sao Paulo Jan Gehl
“Mejores espacios urbanos, más vida urbana”
Foto: Luis E. S. Brettas