El diseñador británico Jim Richardson visitaba ya de niño los museos de su ciudad natal en el nordeste de Inglaterra. Actualmente asesora a museos de todo el mundo con su plataforma MuseumNext. Está convencido de que quien no utilice las posibilidades de la revolución digital se quedará solo con sus obras expuestas.

Señor Richardson, ¿cuándo fue la última vez que estuvo en un museo que le gustara de verdad?
Jim Richardson: No hace mucho. Estuve en el Museu do Amanhã (“Museo del Mañana”), un museo de la ciencia en Río de Janeiro. Fue una experiencia muy especial. Gracias a las tecnologías digitales tenía la sensación de que todo el lugar estaba vivo de verdad. La exposición está personalizada. Cuando se entra, se indica qué idioma habla uno y en mi caso todos los textos cambiaron a inglés. Pero también me gustó mucho ir al museo con mis hijos y ver cuánto se divertían, especialmente cuando podían expresar su creativida.

Futurista Museu do Amanhã de Río de Janeiro
Bienvenido al futuro: el Museu do Amanhã de Río de Janeiro.
Foto: Byron Prujansky

¿De dónde le viene su pasión por los museos?
Jim Richardson: Procedo de una región muy industrializada de Gran Bretaña. Casi todo el mundo trabajaba en la industria del carbón. Los fines de semana iba al museo con mis padres y veía mundos que se diferenciaban mucho del mundo en el que yo había crecido. Por este motivo, al principio quise ser artista. Después me hice diseñador y trabajé en una agencia digital y de marketing que organizaba eventos para museos, festivales y teatros.

Eso es lo que pueden conseguir los museos cuando todo va bien, ¿no? Abren las ventanas a nuevos mundos y así pueden cambiar la vida de las personas.
Jim Richardson: Eso es lo que han hecho siempre, sea mediante la formación o mediante la inspiración. Y hoy lo pueden hacer de una forma mucho más polifacética que en la era predigital.

Elementos digitales de colores en el Museu do Amanhã de Río
Elementos de exposición interactivos en el Museu do Amanhã.
Foto: Byron Prujansky

¿Cómo se fundó MuseumNext?
Jim Richardson: Hace doce años descubrí MySpace y me di cuenta de que los museos debían cambiar si querían seguir siendo relevantes. Si no se aprovechan las posibilidades de la digitalización, se crea una brecha entre lo que espera el público y lo que los museos ofrecen. Al principio, MuseumNext era un blog en el que presentaba ejemplos de buenas prácticas. Con el tiempo la página evolucionó hasta convertirse en un foro. Desde 2008 organizamos conferencias en las que los pioneros digitales de los museos pueden intercambiar opiniones.

¿Cómo reaccionó el público cuando empezó con su blog?
Jim Richardson: Al principio nadie creía que el mundo digital tuviera importancia. Pero en los últimos años han pasado muchas cosas. Hoy en día, cuando los museos conciben una exposición un criterio importante es qué partes de la exposición tienen más posibilidades de aparecer en Instagram. La revolución digital ha permitido que todo el mundo se pueda expresar. Esto cambia todos los ámbitos de nuestra sociedad, museos incluidos. Los comisarios ya no pueden entenderse como los que dictan al público qué es lo que tiene que pensar. No necesitan renunciar a su autoridad, pero tienen que preguntarse: ¿cómo podemos iniciar una interacción con nuestros visitantes?

Visitantes de la conferencia «MuseumNext» hablando
Fomento del intercambio: en la conferencia MuseumNext de Ámsterdam.
Foto: MuseumNext

Pero para ello deben estar dispuestos a ceder algo de su poder.
Jim Richardson: Sí, pero en contrapartida consiguen un poder más fuerte. Si los museos involucran a sus visitantes, si se benefician de su creatividad y conocimientos, el efecto de su trabajo es mucho mayor. En la ciudad inglesa de Derby, por ejemplo, se ha creado el Museum of Making, un museo que integra a la comunidad local. Los artistas trabajan en talleres semanales junto con las personas de la región nuevas formas para exponer las obras del archivo del museo. Quien se integra en el trabajo de esta manera, percibe una relación muy distinta y se lo cuenta a sus amigos. Ésta es la gran diferencia con respecto al enfoque convencional de invitar a un arquitecto estrella y no revelárselo a nadie antes de que se inaugure la exposición.

Orador en el escenario de la conferencia MuseumNext
Durante la conferencia MuseumNext de Ginebra.
Foto: MuseumNext

¿Se le ocurren más ejemplos de este tipo?
Jim Richardson: Muchos. El museo estatal Rijksmuseum de Ámsterdam ha subido a la red 300.000 fotos y cuadros y ha invitado al público a utilizarlos como base para su propio arte, diseño o productos. Para ello, el museo ha sacado a concurso un premio en metálico de 10.000 euros. De aquí han surgido colecciones de moda, paquetes de condones, máscaras faciales o etiquetas de vinos con motivos del museo. De este modo se le ha dado una nueva vida a las pinturas antiguas y olvidadas, que se han vuelto interesantes para un nuevo público.

¿Y en su hogar en Gran Bretaña?
Jim Richardson: El British Museum organizó una 3-D-Scan-Hackathon: invitó a captar objetos del museo como escaneados en 3-D. El museo publicó los resultados en una página. Ahora, cualquier maestro en cualquier lugar del mundo puede imprimir los objetos en una impresora 3-D y presentárselos a sus alumnos. Y la red de galerías Tate Britain ha iniciado un premio con el que el museo ha inspirado a los creativos a presentar su arte en formas nuevas. El resultado fue, entre otros, «After Dark»: durante dos semanas, cuatro robots se ha movido por la noche por el museo y los mismos visitantes los han podido controlar online. En la red había colas como nunca se habían visto en la puerta del museo.

Siluetas humanas negras en las salas del Museum of Making
Vista de las salas de exposición del Museum of Making de Derby.
Foto: Derby Museums

Pero el uso de estas tecnologías exige que los operadores de los museos no sólo comisaríen exposiciones, sino que sean tan creativos como los artistas que exponen. Parece un reto importante.
Jim Richardson: No es necesario que lo dominen todo. Las tecnologías cambian continuamente. Nadie puede tener una visión de conjunto sobre todas ellas. Por eso, los museos deben asociarse con empresas digitales. Su ventaja es que tienen unos contenidos excelentes. Por eso les pueden enviar a los mejores de cada departamento, si así se desea. Esto ayuda a evitar errores. En el pasado, los museos han invertido mucho dinero en una gran idea, una app, por ejemplo. Y entonces si se habían gastado todo el presupuesto y la idea no funcionaba y nadie quería oír ni una palabra más sobre las posibilidades digitales. Tiene más sentido reflexionar detenidamente qué tecnología se puede utilizar para qué fin, iniciar proyectos menores y aprender de los errores.

El año que viene su plataforma celebra su décimo cumpleaños. ¿Qué planes tiene para el futuro?
Jim Richardson: El año que viene tenemos varias conferencias. La primera en Australia, y después en Londres, Nueva York y Países Bajos. En éstas se encuentran los operadores de los museos e intercambian opiniones. Ésta es la ironía: hablamos de cómo se puede llevar la digitalización a los museos, pero lo más efectivo sigue siendo que las personas se reúnan y hablen de ello. Claro que es importante que en el escenario haya buenos oradores, pero aún más importantes son las conversaciones en los pasillos o en el bar por la tarde. Allí, los museos llegan a acuerdos de colaboración y se habla de lo que ha ido bien y de lo que no ha funcionado. La verdad es que aún estamos al principio y cometemos muchos errores.