Dos meses escasos tras el cierre del centro penitenciario de Bijlmerbajes de Ámsterdam, se ha abierto allí el Centro creativo y para refugiados Lola Lik. El lugar que antes encerraba criminales peligrosos alberga hoy talleres, un restaurante, un museo de arte y un hamam.

Letrero en la entrada de Lola Lik
Welcome to Lola Lik.

Hay pocos espacios que transmitan una sensación tan escalofriante como un pabellón de celdas abandonado. Pero cuando el famoso penal de Bijlmerbajes cerró sus puertas en junio de 2016, el escenario que surgió en la periferia sur de Ámsterdam no fue en absoluto post-apocalíptico. Al contrario: la zona se convirtió rápidamente en el terreno de juego perfecto para Lola, un colectivo formado por hackers, activistas e innovadores urbanos que ha declarado la guerra a la falta de ocupación de los edificios de las calles de Ámsterdam.

Antes de que su equipo se instalara en la antigua cárcel, Lola ya había ayudado a darle una nueva vida a muchos otros edificios abandonados por todos los rincones de la ciudad. El objetivo del grupo es encontrar una alternativa a la gestión inmobiliaria tradicional y convertir los edificios vacíos en lugares llenos de vida para el vecindario. La antigua prisión se ha convertido en uno de sus proyectos clave.

«Cuando entramos en la cárcel por primera vez, aún no sabíamos cómo íbamos a poder trabajar en un entorno tan gris e inexpresivo. Pero en muy poco tiempo han cambiado muchas cosas», cuenta María Gómez, Directora de Lola Lik.

Una de las primeras medidas que tomaron para eliminar la sensación de criminalidad en el edificio fue bautizar el proyecto con el nombre de «Lola Lik». En neerlandés, «Lik»no es sólo una expresión coloquial para cárcel, sino que significa también «una nueva mano de pintura».

Una antigua cárcel se convierte en Centro creativo y para refugiados

Lola Lik es hoy un centro de incubación de jóvenes empresarios, creativos, artistas e iniciativas sociales. Se encuentra en el antiguo edificio principal del complejo penitenciario, en el que originalmente estaban la lavandería, la cocina, las oficinas y las celdas de aislamiento del penal.

En sus 9.000 metros cuadrados de superficie hoy hay lugar para 86 «mutualistas», ya que el término arrendatario se evita intencionadamente. En lugar de pagar un alquiler, los costes se reparten entre la comunidad. El criterio de selección más importante para cada nuevo mutualista es la posibilidad de colaboración y co-creación con Lola Lik y con el centro de refugiados que se encuentra al lado.

Este centro, gestionado por separado por la organización gubernamental de ayuda a los refugiados COA, se encuentra en el antiguo pabellón de celdas y tiene vistas a Lola Lik. Rápidamente se abrió el restaurante pop-up «A Beautiful Mess», en el que bajo la dirección de The Refugee Company trabajan exclusivamente habitantes del centro de refugiados apoyados y formados por profesionales del panorama gastronómico de Ámsterdam.

Inauguración de Lola Lik
Se abren candados y fronteras simbólicamente.
Tres hombres dando un concierto en Lola Lik
Los conciertos en el patio interior reúnen a las personas.

Transformación e integración se encuentran en el nuevo edificio

«Lola Lik ofrece un entorno de aprendizaje seguro para los nuevos habitantes de Ámsterdam en el que pueden desarrollar sus capacidades, adquirir experiencia en el nuevo entorno y formar una red local», explica María Gómez, para quien el proyecto es mucho más que un trabajo. «Somos su trampolín al mundo exterior – a su nueva sociedad. Eso es lo que hace que Lola Lik sea un proyecto único».

La nueva construcción no sólo reaviva creativamente un área urbana, sino que también vincula el desarrollo urbano con el problema del espacio habitable y con la integración social de los refugiados, uno de los temas más acuciantes en la actualidad.

Una mujer enseña técnica de impresión serigráfica a dos nuevos habitantes de Ámsterdam
En los talleres de arte se imparten cursos, como éste de técnica de impresión serigráfica.

«Lo vemos como una forma muy práctica de capacitar y formar a los refugiados para que puedan valerse por sí mismos en nuestra sociedad», dice María. Y entonces nos cuenta la historia de un habitante jamaicano de Lola Lik que era sordo y tenía dificultades para entrar en contacto con la gente. Su sueño era grabar un vídeo de rap en el lenguaje de signos.

Ahora está trabajando con un director artístico, un compositor de canciones y un productor musical de la red de Lola Lik para convertir su sueño en realidad. «Ahí reside la verdadera fuerza de este proyecto», dice María. «Toda esta energía creativa de las distintas redes de personas es un capital inmenso para la gente nueva que llega aquí y no conoce a nadie.»

Personas sentadas junto al restaurante pop-up de la Refugee Company en Lola Lik
La Refugee Company ha abierto un restaurante pop-up.

Un hamam, una escuela de boxeo y un museo de arte bajo el mismo techo

Mientras pasamos por las antiguas celdas de aislamiento observamos el nacimiento de un nuevo proyecto: el artista neerlandés Teun Castelein construye en colaboración con el empresario Moe Al Masri de Siria un hamam – una casa de baños de estilo sirio.

Con los azulejos en la pared resulta difícil imaginar que antes había aquí una cárcel. En su lugar, uno tiene la sensación de que este espacio ha estado esperando siempre un hamam. Para este proyecto, aún en construcción, hay una campaña de crowdfunding en marcha, otra herramienta para la integración sostenible.

Entre las superficies de oficinas para pequeñas startups se encuentran también escuelas de idiomas para los nuevos habitantes de Ámsterdam en las que pueden aprender neerlandés. También se ofrecen clases de árabe. «La integración debe funcionar en ambas direcciones», deja claro María. «Aquí hay también un sirio que ofrece ponencias sobre la situación geopolítica de Siria. Yo misma tendría dificultades para señalar en el mapa dónde se encuentran Damasco o Aleppo.»

En el sótano del complejo espera la siguiente sorpresa: una escuela de boxeo recién abierta en la que se ofrecen horas de entrenamiento gratuito para los refugiados, pero en la que también son bienvenidas todas las demás personas interesadas.

En junio abrió sus puertas el Museo Tijdelijk en la antigua prisión – un museo temporal que ha surgido en colaboración con el conocido Museo Stedelijk de arte contemporáneo de Ámsterdam. Las exposiciones están desarrolladas por emigrantes y refugiados en su totalidad, con el objetivo de llamar más la atención sobre sus historias.

María Gómez cuenta con orgullo que quedó terminado en menos de un mes y que eso le resultó «extremadamente inspirador». El museo está abierto cinco días a la semana, los refugiados ofrecen visitas guiadas. El «enfoque de la participación», como lo llama María, es claro: «Todas las personas tienen capacidad para darle una «nueva mano de pintura» a este lugar.»

Un grupo de personas sentado delante de Lola Lik
Los habitantes de Ámsterdam disfrutan del nuevo espacio abierto.

El reto siguiente: la conexión con la ciudad

María Gómez presenta un ambicioso plan para el futuro para Lola Lik: «Primero nos hemos concentrado en llegar aquí y establecer una conexión positiva con el centro de refugiados. En el paso siguiente, queremos abrirnos más y más a toda la ciudad.» El museo Tijdelijk es en su opinión un buen ejemplo de una iniciativa para la que espera más visitantes de fuera.

Sin embargo, aún no está claro cuál va a ser el futuro de Lola Lik. La mayor parte del edificio va a ser demolida para construir espacio habitable. El centro de refugiados ha anunciado su traslado para 2018.

Mientras la antigua no-go zone de Ámsterdam se va a convertir tarde o temprano en un vecindario densamente poblado, el espíritu único de Lola Lik y los nuevos habitantes de Ámsterdam tendrán que mudarse. Pero quien es capaz de convertir una antigua cárcel en un lugar abierto lleno de esperanza, puede afrontar con tranquilidad el siguiente desafío.

Visita el sitio web del proyecto para más información.