La Monobloc es un fenómeno. La silla de plástico apilable se encuentra en cualquier zona peatonal – el museo Vitra Design le dedica ahora su propia exposición. A fin de cuentas, la Monobloc es un ejemplo de cómo una idea sencilla puede cambiar el mundo.

Nadie, pero nadie en absoluto, se libra de ella. Ofrece sus servicios en jardines y restaurantes italianos, en innumerables terrazas y en el césped de los lagos de baño. La Monobloc blanca es un fenómeno desde principios de los años 70. Y pese a que tiene ya medio siglo de vida, sigue dividiendo a la comunidad del diseño.

Sillas Monobloc en Florida
Da igual dónde se vaya, la Monobloc ya está allí.
Foto: noARTshop/ Jürgen Lindemann
Una Monobloc en un paisaje verde
Foto: noARTshop/ Jürgen Lindemann
Sillas Monobloc
Foto: noARTshop/ Jürgen Lindemann
Terraza en Saphan Taksin con sillas Monobloc
Foto: noARTshop/ Jürgen Lindemann

La silla Monobloc ha conquistado el mundo: no hay mueble que se haya fabricado tanto. Debe de haber cientos de millones, en innumerables variantes. Desde Río hasta La Rioja, desde Tokio hasta Toledo.

Uno de los mitos de la silla de plástico es que su creador no alcanzó la fama gracias a ella, lo mismo que ocurrió con el sujetapapeles o la pajita flexible. Pese a ello, o quizá por ello, se convirtió en modelo de lo que debe ser un diseño eficiente.

Amplia exposición en el museo Vitra Design

Heng Zhi cita al diseñador francés Henry Massonnet y su «Fauteil 300» del año 1972 como la mayor influencia estilística para todas las versiones posteriores de la icónica silla. Zhi es la comisaria de la exposición actual «Monobloc – Una silla para el mundo», que se puede visitar hasta el 9 de julio en el museo Vitra Design de la ciudad alemana de Weil am Rhein.

Para ella, la Monobloc representa la idea de la modernidad a partir de un molde: un trozo de plástico que demuestra cómo conseguir mucho con poco esfuerzo. Y lo mismo que causó la polarización de los primeros representantes de la modernidad en los años 30, este objeto continúa dividiendo a los entendidos: mientras que para unos es horrible por ser de plástico, para otros la silla apilable es un clásico del diseño que resume con precisión cómo funciona nuestro mundo.

En cualquier caso, cuando se trata de eficiencia la Monobloc es la campeona absoluta, una idea sencilla y eficiente.

Silla «Respect cheap furniture» en el museo
Objeto de arte: «Respect Cheap Furniture» de Martí Guixé.
Foto: Roland Schmid

Un referente clásico del diseño

En opinión de sus críticos, la Monobloc no es nada sostenible. La silla representa el consumo mundial y la producción en masa. Con esto en mente, diseñadores actuales han estudiado la Monobloc y la han utilizado como punto de partida para nuevas interpretaciones.

En muchas de sus obras se puede apreciar la crítica, como en la «Café Chair» de Fernando y Humberto Campana, la «Respect Cheap Furniture» de Martí Guixé o la «Monothrone», del diseñador italiano Martino Gamper, creada especialmente para la exposición en el museo Vitra Design.

Una serie de sillas Panton de distintos colores
Versiones de la conocida Panton Chair de los años 50.
Foto: Florian Boehm
Café Chair trenzada en la exposición Monobloc
Trenzada: «Café Chair» de Fernando y Humberto Campana.
Foto: Vitra Design Museum

La exhibición se complementa con información de fondo y documentos gráficos. El mueble de plástico se muestra en los más diversos contextos, desde una fiesta en el jardín hasta zonas de conflicto. Tomando como base unas 20 obras expuestas, se explica por un lado el desarrollo técnico de la Monobloc, y por otro su significado cultural.

La silla de plástico está considerada en algunos países como un producto desechable, en otros como un objeto de valor.

La comisaria Heng Zhi resume con seguridad los atributos positivos de la Monobloc: «Es resistente a la intemperie, apilable y su fabricación es muy eficiente», explicó al semanario alemán Der Spiegel. «Con un mínimo de materiales consigue el mayor efecto». Y, reconozcámoslo, eso no se puede decir de muchos objetos de diseño.

Vitra Design Museum, Charles-Eames-Str. 2, 79576 Weil am Rhein
Abierto diariamente de 10 a 18 horas.
La exposición está abierta hasta el 9 de julio de 2017.
Se puede encontrar más información aquí.