El Repair Café en el barrio londinense de Borough. Aquí se repara, se remienda, se suelda y se enmasilla todo aquello que no está todavía para acabar en el vertedero. Una comunidad se ayuda a sí misma – y contrarresta el consumo continuo de nuevos productos. Nuestro autor Alfred se pone en camino hacia allí con una aspiradora atascada. Un experimento práctico.

Para mi antigua impresora la idea llegó demasiado tarde. Cuando me enteré de la existencia del Repair Café en Londres ya la había tirado: pese a mis reiterados y al final frustrantes intentos de que dejara de comerse el papel, no salió de su modo destructivo y terminó en el vertedero.

De modo que hoy no tengo nada que pueda reparar. Por suerte, mi vecina me ofrece una aspiradora que ha perdido la fuerza para aspirar su moqueta, en lugar de hacerlo con sus 2000 vatios de potencia. La meto en el maletero y me dirijo al Repair Café.

El periodista Alfred Rinaldi lleva la aspiradora estropeada de su vecina al Repair Café de Londres
Una visita al Repair Café del Goodlife Centre de Londres.

Si hubiera hospitales para objetos, el Goodlife Centre sería una clínica privada, con Alison Winfield como resolutiva y competente médica jefe.

En los talleres llenos de luz se encuentran todas las herramientas imaginables, sean para tapizar, coser cortinas o reparar aparatos eléctricos. Las ventanas de los tabiques son recicladas y las paredes están consecuentemente tapizadas con instrucciones de Do-It-Yourself antiguas.

«Bienvenido al Goodlife Centre», me saluda Alison y me ofrece primero una taza de té con pastas, tal y como corresponde en Gran Bretaña. El centro existe desde 2011 y actualmente ofrece unos 50 cursos de manualidades. «Todo empezó con una taladradora», cuenta Alison orgullosa. El Repair Café, que tiene lugar aquí cada dos o tres meses, es especialmente importante para la fundadora del centro.

El arte de hacerlo tú mismo

«Nos hemos condenado a la impotencia», cree Alison. «Cada vez tenemos más aparatos y cada vez sabemos menos de cómo funcionan. Hoy en día, todos los padres quieren que sus hijos vayan a la universidad en lugar de tener que ensuciarse las manos. Confían en que siempre habrá alguien que nos repare nuestros enseres domésticos rápido y por poco dinero. Pero cada vez hay menos gente de este tipo. No es de extrañar que una nueva generación esté obsesionada por aprender el arte de hacerlo tú mismo.»

Una pared llena de todo tipo de herramientas
Además de experiencia y destreza, el Goodlife Centre ofrece también herramientas.

Dave Lukes es de la misma opinión. Es voluntario en el Restart Project, una organización que se ha puesto como objetivo la reducción de la chatarra eléctrica. «Para mí reparar es el pasatiempo perfecto», cuenta Dave.

«No sólo sirve para una buena causa, sino que además es muy divertido. Reflexionar sobre cuál puede ser el problema y llegar a solucionarlo es con seguridad más interesante que correr a la tienda a comprarse algo nuevo. Es como si te enfrentaras al universo: este objeto quiere dejar de funcionar y obligarte a comprar uno nuevo, pero tú te resistes. Es el movimiento en contra del consumo desenfrenado, que nos ha vuelto seres inmaduros.

Retrato de Dave Lukes
Dave Lukes colabora voluntariamente en el Repair Café.

Antes de que me toque, miro a Stefania Fantini, que está echando un vistazo al reproductor de DVD de Janet Dalhouse. Janet es de ascendencia caribeña – y allí es considerado un tabú tirar cosas que se puedan reparar. Lo primero que hace Stefania es abrir el aparato y limpiar la superficie del láser con aire comprimido.

Mi primera lección de hoy: muchas veces basta con una simple limpieza – una tostadora cuya palanca se niega a permanecer abajo o un reproductor de DVD cuya bandeja no se abre pueden volver a funcionar así.

La rosca desgastada de una lámpara se enmasilla, la batidora sólo necesita un fusible nuevo. Pero lo mejor es la chaqueta totalmente deshilachada de John Iacona. ¿Un caso para la recogida de ropa usada? ¡De ningún modo!

El que repara de forma creativa consigue objetos únicos.

Y ya está aquí Alison con su máquina de coser preferida. «Un auténtico tractor», alaba a su herramienta. «Ésta puede con todo». Alison explica a John cómo se utiliza correctamente. Al final, la chaqueta está remendada tan creativamente que resulta más bonita – y sobre todo más interesante – que si fuera nueva.

Ahora tiene su propia historia y me recuerda al arte japonés del Kintsugi, con el que la cerámica rota se repara con barniz de resina espolvoreada con oro. Resaltando los daños en lugar de ocultarlos, el artista celebra las «heridas» de un objeto al que se daba por destruido.

El visitante John remienda su propia cazadora
John remienda su cazadora.
John corta tela
El resultado: efectivo y original.

Por fin me toca. Como si se tratara de un gatito enfermo, coloco la aspiradora en la mesa de tratamiento. El motor emite el zumbido de funcionamiento, pero la fuerza aspiradora ha desaparecido por completo. Stefania saca el tubo y coloca la mano delante de la abertura. Aquí se establece la depresión, ¿no será que el tubo está atascado?

Stefania lo coloca en posición vertical y echa una moneda dentro. Ésta desaparece sin hacer ruido – un caso claro de atasco de polvo. De forma resuelta, Stefania coge una barra de metal delgada y saca un ovillo de pelos y polvo doméstico nada apetecible. Problema resuelto. Mi vecina no se tiene que comprar una aspiradora nueva y la montaña de chatarra eléctrica crece menos deprisa.

Manos a la obra – en el Repair Café

Para ser honesto, me resulta algo embarazoso que ni mi vecina ni yo hayamos buscado la causa del problema. Por otro lado, esta experiencia me muestra lo indiferentes que nos hemos vuelto cuando un aparato deja de funcionar.

Que la reparación de aparatos baratos no merezca la pena es un dogma que resulta ser falso con demasiada frecuencia. Sólo hay que tener un poco de tiempo y curiosidad. Las acciones como el Repair Café existen entre tanto en todas las ciudades grandes.

Si por Alison fuera, las tasas de basura de un hogar no deberían facturarse de forma global, sino en función de la cantidad de basura. Quizá volveríamos así más rápido a las virtudes de nuestros abuelos.

Una cosa tengo clara: la próxima vez que se me estropee un aparato doméstico, me pondré yo mismo manos a la obra. Y es que no hay mayor alegría que utilizar la curiosidad y la destreza para dar una nueva vida a un objeto estropeado.

Asistentes al encuentro de Repair Café
El Repair Café en el Goodlife Centre tiene lugar cada dos o tres meses.
La gente aprende a reparar sus cosas
Paquetes de seguridad
Voluntarios del Repair Café imparten un taller de DIY
Los visitantes remiendan ropa rota
Dave Lukes ayuda en la reparación
La voluntaria Stefania Fantini habla con un visitante
Una persona pega tacos de madera
Dave Lukes enseña cómo se repara un aparato

Más información sobre el proyecto en el sitio web del Goodlife Centre.